Reflexiones

Enero 25, 2026

La vida, en su misterio, me confió un ángel con forma de hermano.

No habla como muchos, no entiende como el mundo espera, pero siente con una profundidad que desarma.

Él camina conmigo en las rutinas sencillas, en los días claros y en los días donde la enfermedad pesa.

A su manera me quiere, me extraña, y cuando mi cuerpo se cansa, su corazón se inquieta.

Su presencia es una Rosa Azul: rara, delicada, distinta… pero llena de sentido.

Tenerlo a mi lado me recuerda por qué sigo luchando.

Él es mi motor de vida, la razón por la que me levanto incluso cuando no hay fuerzas.

Tal vez por eso no tomé otros caminos, porque Dios, en su sabiduría, me fue preparando para esta misión: amar, cuidar y permanecer.

He aprendido que hay amores que no se eligen, sino que se reciben como un regalo sagrado.

Y cuando uno acepta esa misión, la vida deja de preguntarse por qué y comienza a responder para qué.