Carta

Agosto 15, 2025

Hoy, en medio de mi propio proceso, el Señor me reqaló un momento que llenó mi alma de esperanza: presencié cómo un joven tocaba la campana, señal de que su tratamiento habia terminado.

Fue tan emotivo que mis ojos se humedecieron… en ese instante sentí que Dios me susurraba: “Mira, hija, sí se puede, sigue confiando”.

Ese sonido no fue solo un timbre metálico, fue un canto de victoria, una promesa viva de que los caminos difíciles también tienen finales llenos de luz.

Hoy me voy a dormir con ese eco en el corazón, recordando que cada batalla tiene su dia de triunfo, y que la fe me sostiene mientras avanzo.