Hoy el calendario se cierra, pero mi corazón se abre.

Diciembre 30, 2025

El fin de año siempre trae una mezcla profunda de emociones: recuerdos, silencios, lágrimas contenidas… y, sobre todo, un inmenso agradecimiento.

Hace un año estuve tan frágil, tan cerca del límite, que respirar era ya un milagro. Hoy sigo aquí. Respiro. Camino. Siento.

Y eso basta para dar gracias.

Gracias a Dios, que no soltó mi mano ni en la noche más oscura. Gracias al Espíritu Santo, que me sostuvo cuando ya no tenía fuerzas.

Gracias a mi familia, a mis amigos, a mis hermanos de oración, que fueron abrazo, palabra o presencia silenciosa cuando más lo necesité.

Gracias por cada gesto pequeño, por cada “aquí estoy”, por cada oración ofrecida en lo escondido.

Este año aprendí a agradecer lo simple: un amanecer, una conversación, un descanso en paz, un día sin dolor.

Aprendí que la vida no se mide en grandes logros, sino en oportunidades concedidas… y esta es una nueva oportunidad.

Hoy reconozco que sigo aquí por gracia. Y con el corazón humilde digo: Señor, gracias por un año más, gracias por no rendirte conmigo, gracias por permitirme comenzar de nuevo.

Cierro este 2025 con gratitud, con fe renovada y con la certeza de que cada día que viene es un regalo.

Que el nuevo año me encuentre confiando, agradecida y caminando, paso a paso, bajo Tu luz.